
He vuelto a la rutina. Madrid con un abrazo caluroso nos recibió, treinta y siete grados. Al llegar a casa quedadron atrás días de descanso, no exentos de emociones y de encuentros.
Galiza, con sus paisajes y su gente, siempre te recibe, imprime en ti un algo especial.
Mi padre, Antonio, 93 años, con humor, no libre de irónicos comentarios, y mucho cariño ante tanta y tanta gente, hijos, nietos, cuñados, como no, y sobrinos venidos, algunos de ellos, desde la Argentina dieron alegría y bienestar a estas vacaciones.
A Elena, mi madre, que a pesar de tanta gente gustaría de mas y de forma permanente el verse rodeada de todos.
No podría pasar por alto la presencia del Coro Entredós en Marin. Su actuación en la Antigua Iglesia Parroquial nos deleito con su música.
La playa, la gastronomía, los paseos, el consabido viaje a Portugal y algún que otro encuento no esperado ocuparon el resto de nuestro tiempo.
Elena, mi mujer, y yo hemos disfrutado de unas buenas vacaciones.