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5 de enero de 2009

LA MUJER EL PRINCIPIO Y EL FIN DE LAS COSAS

La reflexión que la iglesia, con minúscula, hace sobre la mujer no deja de sorprenderme.
Si hubo una época en la que la mujer era culpabilizada de todo, seguramente por su papel de destructora del Paraíso, y la consideración que sobre ella tenían algunos renombrados teólogos (no pocos) como ser sin alma, ahora, en pleno siglo veintiuno, es considerada como el principio y el fin de todos los problemas y desastres.
Ayer salto a la prensa y demás medios de comunicación, que la mujer era la causante de daños que acarrean consecuencias devastadoras para el medio ambiente.
El periódico del Vaticano, L'Observatore Romano, publicaba un articulo de la FIAMC, Federación Internacional de los Médicos Católicos, basado, según dice, en un informe de 80 paginas, y resumido por su presidente, un medico español, que manifiesta que la píldora anticonceptiva es contaminante y ha provocado la disminución del 50% de la fertilidad masculina. Todo ello se produce, al parecer, a raíz de la expulsión de las hormonas femeninas, vía orina, a la naturaleza.
Pero ahí no queda la cosa, además de lo, anteriormente indicado y como consecuencia de ello, este ser que, como dirían ellos, habita entre nosotros, viola el derecho a la vida, a la salud, a la educación, a la información y a la paridad de sexos.
“Joer” ¡que fuerte! Esta es la iglesia que tenemos, de la que tenemos que soportar su intolerancia, que se erige como base de la moralidad, que se considera capacitada para impartir la educación entre nuestros hijos y a la que, además, financiamos.
Ya esta bien de manipular.