El verano pasado, por las Rías de Galiza, navego un viejo barco, de 30 m. de eslora y de madera, dedicado, durente muchos años al abastecimiento de agua a otros navíos.Con dicho barco, el Hydria II, se daba cabida al recuerdo de acontecimientos dolorosos que han marcado a esta sociedad.
En las distintas singladuras recorridas, se celebraron charlas, coloquios y exposiciones sobre la represión y el genocidio franquista sobre los sindicatos marineros y los hombres de la mar, " Los Martires de la Mar.
Galiza fue un lugar en el que los frentes de guerra no fueron permanentes durante la contienda civil española, pero en ella se llevo a cabo una dura y grave represión cuya única finalidad fue el terror y la aniquilación de las los lideres y de los partidos políticos para asegura así la paz de los cementerios y de las cunetas en la retaguardia nacionalista.
Fui testigo y asistí a la llegada de dicho barco a Cambados y a Marín. En ambos hubo charlas sobre lo acontecido, impartidas por personas que lo vivieron o por historiadores que lo investigan. Se nos hablo de la huida de pesqueros a países democráticos como Francia, de los abusos de los falangistas,los paseos en distintas aldeas del interior, de los lugares en los que se arrojaron al mar a personas defensoras de la Republica y del orden constitucional y democrático, los desaparecidos no solo se dieron en Argentina y en el cono sur.
Asistió gente, pero me llamo la atención la presencia de conocidos, hijos y nietos de las victimas, algunos de los cuales fueron compañeros de juegos y de colegio.
Ya va siendo hora de que se proceda al reconocimiento de los represaliados, de su dignidad y expresar públicamente nuestro agradecimiento y solidaridad a sus familiares que tanto han tenido que soportar.
Debe ponerse en marcha, hasta sus ultimas consecuencias, la Ley de la Memoria Histórica, el Gobierno debe ser el primer impulsor de la misma, y que, instituciones como la Iglesia, que jugo un papel represor de primera magnitud, y el Estado participen y entreguen la documentación que por el juez Garzón se solicita. La Iglesia exhibe una falsa independencia y una neutralidad fingida sobre el tema y comenta que no quiere abrir mi que se abran heridas, pero eso es una gran hipocresía y “ falta de caridad cristiana”, canonizan a destajo a los suyos y, con su silencio e indiferenca, insultan y desprecian el dolor de los demás.
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